Luis se levantó aquel día de verano como si fuera
uno normal, sin saber que aquel día sería el primero de su nueva vida. Se
levantó pronto, a las 9, para poder ir gimnasio y entrenar un poco; nunca
llegaría al gimnasio. Se vistió, desayunó, cogió su mochila con lo necesario
para ir al gimnasio, se colocó los cascos y se puso en marcha.
Inicio el camino que llevaba desde su casa hasta el gimnasio. Iba normal hasta que miró a su alrededor. No había nadie. Aquel día no había visto a nadie, ni siquiera a sus padres que entraron a trabajar a las 8 ni a su hermana que se había ido a la playa con sus amigos.
Era extraño. A esa hora solía haber gente paseando a sus perros, gente corriendo, ancianos que eran los primeros en ir a comprar al mercado, madres y padres que habían dejado a sus hijos en la escuela de verano… pero aquel día no había nadie.