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miércoles, 11 de mayo de 2016

Capítulo 5: Conmoción

Abrió los ojos.

Noelia se levantó del váter y salió de allí. A continuación se metió en la sala de las duchas. Lo primero que había en esa sala eran unas taquillas donde poder guardar la ropa y todo lo que llevase encima. Noelia se mostró tímida al principio ya que había varios hombres con malas pintas. ¿Y si la violaban? Estaba indecisa, pero se sintió más cómoda cuando vio a unas chicas de su edad quitarse la ropa cerca de ella tan normal como si no pasase nada. Tras esto decidió dar un paso adelante, total, tarde o temprano lo tendría que dar, no sabía cuánto tiempo iba a estar en Lugar Rencuentro.


Tras desnudarse, se puso rápidamente la toalla de Lily alrededor de su cuerpo para que no le viesen, pero provoco lo contrario, ya que al ser la única que se tapaba la miraban más, pero eso a Noelia le importó poco.

Siguió adelante y llegó a una puerta donde estaban las duchas. Al entrar vio un pasillo ancho y con una fila de duchas a cada lado. Siguió avanzando y llegó hasta el final de ese pasillo y se colocó en esa ducha, de esta manera la verían menos personas.

Había bastantes duchas ocupadas pero muchas estaban vacías. La mayoría de personas estaban al principio mientras que al final solo estaba ella y el grupo de chicas que había visto antes Noelia en el vestuario. Ellas estarían a unas dos duchas de ella. Se sentía segura al tenerlas cerca, por lo que se empezó a duchar y logro evadirse del todo.

Con el agua caliente pasando por su cuerpo, se relajó y logró desconectar de todo poniendo la mente en blanco. Nada, lo único que le pasaba por la mente. Y de esa nada apareció una imagen; el momento de la destrucción de su mundo. Su ciudad destruida donde no había nadie, solo una persona en esa imagen, una persona que se iba alejando poco a poco. Era Luis yéndose, cada vez más lejos, y la ciudad derrumbándose entre los dos.

Noelia no lo pudo evitar y empezó a gritar. Se cayó en los suelos de la ducha y se hizo un ovillo en el suelo. No paraba de llorar y gritar. Ahora estaba sola, no se había dado cuenta de lo que suponía eso hasta que lo pensó bien del todo.

El grupo de chicas que estaba a su lado se acercaron a ella y la intentaron ayudar. Todas las personas de las duchas la miraron al principio pero después pasaron de ella. Las únicas que fueron a ayudarla fueron las chicas, quienes consiguieron motivarla un poco.

Noelia se enderezó y miró a su alrededor. En este mundo la mayoría de personas habían sufrido lo mismo que ella, todos estaban en un mundo que no era el suyo. No la ayudaron ni se sorprendieron porque debían de estar acostumbrados a eso y porque ya lo habían pasado ellos. Sería lo normal, derrumbarse por haber perdido una vida y tener que empezar otra lejos de casa. No era especial en ese mundo, todos habían perdido su mundo, era una más. Perder todo y verse obligado a empezar de nuevo en este mundo.

Noelia se marchó de la ducha toalla en mano, esta vez le daba igual que la viesen desnuda. Pero nadie la miraba, nadie quería verla. Entonces consiguió ver la cara de un anciano que estaba en una de las duchas, y lo entendió todo. Ese anciano estaba llorando, verla causaba recordar cosas que son mejores no recordar. Pasar página porque si no la pasas, vivirás apenado pensando en una vida que ya no existe.

Noelia entró en el vestuario y se puso su ropa, ropa que no le paraba de dar recuerdos de la Tierra, de su vida en ella, su familia, hasta echaba de menos su prima Naryam, sus amigos, Luis…
Salió corriendo a la calle, a toda prisa atravesó la calle con todavía lágrimas en los ojos. Siguió intentando recordar el camino que había hecho para ir. Empezó a torcer calles hasta que se topó con un callejón sin salida. Se había perdido.

Aprovechó que estaba ahí donde nadie la podía ver para relajarse, se secó las lágrimas y dio la vuelta para buscar la casa.

Era difícil encontrarla, la diferencia entre las casas era mínima. No se paró y siguió buscando, hasta llegar a una especie de plaza grande con árboles y arbustos plantados, bancos donde sentarse y en el centro de la plaza, una gran fuente. Decidió sentarse y descansar un rato e intentar reubicarse. Era agradable estar allí aunque Noelia no podía relajarse del todo, por todo lo ocurrido en tan poco tiempo.

Al cabo de unos minutos, se empezó a armar jaleo en la otra punta de la fuente. Noelia por curiosidad, se acercó a ver qué pasaba. Según se iba acercando pudo escuchar a gente comentando que había nuevos que habían venido a parar aquí y comentarios por el estilo. Noelia no pudo evitar pensar en que podían ser gente de su mundo, que al igual que ella habían acabado ahí.

Siguió acercándose, se fue haciendo hueco entre la gente que estaban alrededor de un banco, donde estaban sentado tres personas, al parecer una de ellas era una persona que estaba ayudando a los otros dos, que eran los que habían llegado.

Finalmente llegó a acercarse lo suficiente como para poder observar a las personas del banco.

-¡NO PUEDE SER!- gritó Noelia al verlos y sin poder evitar volver a llorar.







Leo y Emily habían quedado aquella mañana de verano para ir a la piscina.

Llegaron a la piscina municipal del pueblo a las once. Esta vez fueron solos, en plan de cita como pareja que son. La piscina estaba llena, como es normal en los días de verano. Estaba siendo un gran día.

A las doce y pico, los dos estaban dentro de la piscina jugando, cuando un terremoto sacudió la tierra. Se abrazaron dentro del agua como instinto reflejo. La tierra paró de moverse y todos los que estaban dentro del agua salieron. No parecía que hubiera heridos pero… la gente comenzó a gritar. Seres oscuros invadían la piscina, todos huían. Entonces aparecieron especies de soldados que ayudaban a estos seres en vez de a los humanos. Leo y Emily se dieron la mano y no se soltaron hasta que llegaron a Lugar Rencuentro.

Salieron de la piscina por la puerta de emergencias y comenzaron a correr sin tener ningún rumbo concreto. Torcieron una calle y se encontraron un callejón sin salida debido a un edificio derrumbado estaba enfrente de ellos. Por los pequeños huecos del edificio en ruinas pudieron ver una extraña escena:

Era Luis, estaba luchando contra esas criaturas con una especie de espada. No parecía él, era como si algo dentro de él hubiera cambiado.

-La llave es lo nos obsesiona, pero que es una llave sin una puerta. La respuesta es algo inútil, sin razón de existencia. En este mundo está la puerta y la llave, y vosotros me ayudareis a conseguir ambas. 

Al darse la vuelta vieron a un hombre encapuchado de negro, al que no se le veía el rostro. Sin que pudieran decir nada, desapareció delante de sus ojos. Entonces las criaturas empezaron a llegar a ese callejón, por el suelo y colgados por las paredes. Todo parecía perdido, pero detrás suya, una explosión que provocó otro temblor.

El edificio derrumbado se hizo trizas, trozos de hormigón volando, fue una suerte que no recibieran ningún golpe. Era Luis, estaba luchando contra un chico de ropas negras, que parecía tener la misma edad que ellos. La explosión fue un resultado de esa pelea.

Ambos tenían una mirada agresiva hacia el otro, y ambos parecían no percatarse de que ellos estaban ahí. Esto no paró a los seres que iban tras ellos. Leo y Emily tuvieron que correr en dirección de la pelea, y la intentaron rodear todo lo posible, pero el luchador contra el que luchaba Luis lanzó una bola de fuego, este la esquivó y se dirigió directo hacia ellos dos. Todo parecía perdido, sin embargo, la bola nunca les llegó a dar. Un chico de pelo en verde se puso en medio y logro desviar la bola. Les salvó la vida, o al menos eso parecía, porque después de eso, se dio la vuelta lanzó una bola oscura a sus pies formando una mancha oscura que los iba tragando poco a poco. El chico les dio la espalda y les dijo lo siguiente:

-Tranquilos, estáis a salvo Por desgracia, no en este mundo.

Después avanzó hacia donde estaba la batalla.

Leo y Emily estaban siendo tragados por aquel especie de vórtice oscuro, se abrazaron pensando en que estarían muertos en breve. Solo tenían la cabeza fuera del vórtice, se dieron un beso de despedida. En aquel momento una fuerza sobrenatural se apodero de los dos jóvenes despertando su ira interna.

Oscuridad. Solo veían eso. Seguían con las manos unidas, ambos las apretaban más fuerte que nunca. Y de repente, una luz cegadora, y hasta ahí llega su memoria.

Sus siguientes recuerdos, eran estar tirados en una plaza con muchas plantas, una fuente grande en el centro, y algunas personas observándolos. ¿Había sido un sueño? ¿Dónde estaban? Una persona se acercó a ayudarlos, pero no podían escuchar. Estaban en estado de shock.

Una chica se fue acercando poco a poco al mogollón de personas que había y se fue haciendo hueco. Finalmente llegó a acercarse lo suficiente como para poder observar a Leo y a Emily.


-¡NO PUEDE SER!- gritó Noelia al verlos y sin poder evitar volver a llorar.